Decisiones públicas La política es lo cotidiano

Karina Barba, Consejera del Instituto Estatal Electoral de Aguascalientes

Karina Barba, Consejera del Instituto Estatal Electoral de Aguascalientes

Es conferencista, activista social y consejera electoral en Aguascalientes, con más de 15 años de experiencia promoviendo la participación ciudadana, la igualdad sustantiva y el liderazgo femenino.

Es fundadora de Tlanemani – Mujeres con Liderazgo A.C., donde ha desarrollado programas de formación en alianza con el INE, el PNUD y el IIDH, enfocados en el empoderamiento político y social de las mujeres.

Actualmente impulsa la educación cívica y el fortalecimiento democrático con perspectiva de género, y ha impartido conferencias en México y otros países sobre liderazgo, derechos humanos y participación ciudadana.

Existe una percepción extendida de que la política es un asunto lejano, ajeno a la vida diaria y reservado para partidos políticos o procesos electorales. Regularmente escuchamos a personas decir que no les interesa la política, que todo es lo mismo o que no sirve de nada participar.

Esa distancia suele mantenerse mientras las cosas parecen funcionar. Sin embargo, desaparece cuando algo falla: cuando el transporte no alcanza, cuando el empleo es precario, cuando la seguridad se debilita o cuando los cuidados recaen siempre en las mismas personas.

Las decisiones públicas nos atraviesan a todas y todos, aunque no siempre lo visualicemos. Determinan cómo se distribuye el recurso público, qué problemas se atienden primero, a quién se escucha y a quién se deja fuera.

La política no ocurre solo en los partidos o en las elecciones; ocurre en la vida cotidiana, en las condiciones reales en las que vivimos.

Aguascalientes es un estado que crece, pero no todas las personas crecen al mismo ritmo. Esa brecha no es casual ni inevitable: es consecuencia de decisiones.

Decidir con información, corresponsabilidad y visión de largo plazo puede hacer que una ciudad funcione mejor para quienes la habitan.

Negarse a participar en la vida pública es como vivir en una casa donde nunca se discuten las reglas. Si las decisiones se toman sin considerar los tiempos, necesidades y realidades de quienes viven ahí, la casa deja de ser funcional.

Lo mismo ocurre con la ciudad: cuando la ciudadanía no se apropia de las decisiones públicas, las reglas se imponen sin diálogo y los problemas se repiten.

Apropiarnos de lo público no es una idea utópica; es una necesidad práctica. Solo cuando nos entendamos como comunidad —no desde el idealismo, sino desde la funcionalidad— podremos construir condiciones que respondan a las necesidades reales.

La política no es ajena: es nuestra. Y participar es la única forma de hacerla funcionar.

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