Educación digital una apuesta para prevenir

Angie Contreras: Integrante de la Asociación Civil Cultivando Género y vocera del movimiento Mujeres Vivas Mujeres Libres

8/1/2026

Angie Contreras

@AngieConter

El verano 2026 se ha caracterizado por llevar a la conversación distintos temas, todos preocupantes y urgentes, pasamos de patear el balón, a cuestionar los nexos de gobernantes con grupos delictivos a hablar de la prohibición o regulación de las redes sociales a niñas, niños y adolescentes.

Nunca en la historia de la humanidad tan pocas organizaciones habían tenido acceso a tantos datos, a tanto tiempo y a tanta atención de miles de millones de personas; y ahí es donde deberíamos comenzar a hacer la reflexión.

Seguramente cuando estas palabras lleguen a sus manos tendremos algún tipo de avance -o solución- sobre esta problemática, como no tengo una esfera para adivinar el futuro no puedo adelantarme y decirles qué camino va a tomar México, lamentablemente sospecho que será una prohibición disfrazada de regulación.

Claro que nos preocupa la seguridad de las niñas, niños y adolescencias, es y debe ser nuestra prioridad, para esta columna abordaré un área que me parece sumamente importante, la educación y seguramente en próximas entregas abordaremos los retos de la prohibición y regulación de las redes sociales en niñas, niños y adolescentes.

La solución no es sencilla, creo que la educación es clave fundamental para acompañar a las niñas, niños y adolescentes en su acceso. Cuando me refiero a acceso no significa acceder únicamente a una computadora o teléfono, el acceso tiene que entenderse de forma integral navegar, crear, conocer, hacer un uso responsable, etc.

Uno de los retos y ese trabajo nos toca a las personas adultas es dejar de ver a las niñas, niños y adolescencias como “nativos digitales”, las niñas, niños y adolescencias claro que tienen un conocimiento de las herramientas pero eso no

Tradicionalmente, el capitalismo se basaba en la competencia. Las empresas luchaban por ofrecer mejores productos, mejores servicios o mejores precios. El consumidor decidía. Pero el modelo que describe Varoufakis es distinto. Según su planteamiento, las grandes plataformas digitales han construido ecosistemas cerrados donde las reglas ya no las define el mercado, sino el propietario de la plataforma. El objetivo principal deja de ser vender productos y pasa a ser controlar la atención de las personas y el flujo de la información; qué y cómo se piensa… ese es el objetivo.

La pregunta entonces es inquietante:

¿Qué sucede cuando unas cuantas empresas deciden qué vemos, qué leemos, qué compramos y qué contenidos aparecen frente a nuestros ojos?

No se trata necesariamente de censura, se trata de algo más sofisticado pues quien controla el algoritmo tiene la capacidad de influir en la percepción de la realidad. Y quien influye en la percepción termina influyendo en las decisiones económicas, políticas y sociales de millones de personas.

Quizá por eso la innovación tecnológica representa simultáneamente una enorme oportunidad y un enorme riesgo.

Como emprendedor y promotor de la innovación, siempre he defendido el papel de la tecnología como motor de progreso. La IA, la computación en la nube y las plataformas digitales están transformando la productividad humana a una velocidad sin precedentes, pero también creo que debemos tener el valor de discutir sus consecuencias.

Porque la concentración extrema del poder rara vez termina bien.

La historia nos enseña que cuando demasiado poder económico, político o tecnológico se concentra en pocas manos, las sociedades comienzan a perder capacidad de decisión.

Un pequeño grupo de empresas controla buena parte de los datos, la infraestructura digital, la IA y los canales de comunicación del planeta.

No sé si Varoufakis tiene razón cuando afirma que ya vivimos en una etapa tecnofeudal. Tampoco sé si el capitalismo está desapareciendo. Lo que sí sé es que estamos entrando en una época donde la concentración del poder puede convertirse en uno de los mayores desafíos para la humanidad. Por eso los gobiernos, las universidades, las empresas y la sociedad debemos comenzar a discutir reglas claras. Necesitamos innovación, necesitamos IA, necesitamos tecnología, pero también necesitamos competencia, transparencia y límites que eviten que el futuro digital del mundo quede en manos de unos cuantos.

Porque la verdadera pregunta ya no es quién controla la tecnología. La verdadera pregunta es quién controlará a quienes controlan la tecnología.

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