El rol de la Cuidadanía en la prevención de las violencias y la delincuencia

Rogelio Romero Muñoz

7/1/2026

Rogelio Romero Muñoz

Licenciado y maestro en criminología, ha sido prologuista y autor de libros y artículos criminológicos, docente internacional desde hace 26 años y actualmente es el titular del Centro Estatal de Prevención CEPREV de la Secretaría de Seguridad Pública Estatal de Aguascalientes.

Al implementar cualquier acción preventiva, se debe partir siempre de un postulado inamovible: se requiere de la participación de la ciudadanía para su efectividad.

La seguridad es un sentimiento; o al menos eso afirmaba un apreciable maestro que tuve en la universidad hace ya algunos años. Y no podía estar más en lo cierto, las personas podemos “sentir” cuando estamos seguros o no, sea en una calle, un parque, una carretera o en cualquier espacio público e incluso privado o doméstico.

Lo anterior se relaciona inmensamente con una de las actuales labores más demandadas y neurálgicas de los gobiernos: garantizar que la población se sienta y esté segura en cualquier territorio y en cualquier momento. Sin embargo, esto no es tarea fácil, e implica una pléyade de acciones tan diversas y complejas que, para simplificar, dividiremos en preventivas y reactivas. Las segundas, se refieren a todo lo que se hace una vez que alguien ha sido afectado en su persona, su tranquilidad o sus bienes. No obstante, hoy hablaré de la primera, la prevención, es decir, lo que se hace con el fin de que las conductas violentas o delictivas no aparezcan.

Al respecto, la prevención se erige como una solución a la existencia de lo que genéricamente llamamos crimen, solo que no es infalible y por ende es imposible pensar en un espacio que se encuentre libre plenamente del fenómeno delictivo, como lo sustentan algunas teorías científicas que dan cuenta del tema.

Pero esto no es motivo para no llevarla a cabo, por el contrario, nos exige desde los gobiernos, a buscar continuamente todas las estrategias, planes, programas, etc., que nos permitan impactar positivamente en la sociedad y reducir o controlar los índices delictivos.

Lo anterior implica que, si el gobierno no se articula con la población y no fomenta su participación, los efectos favorables de las acciones preventivas están en juego. Pero ¿Cuáles son esas acciones?, ¿O es acaso que queremos que la población haga todo el trabajo preventivo? 

No, no es así, el Estado no puede eludir su función rectora respecto a la seguridad y la prevención y más aún, lo debe plasmar y monitorear desde sus propios planes de desarrollo.

Cuando hablamos de participación ciudadana en la prevención, nos referimos a que los gobiernos habrán de fomentar, por ejemplo: una cultura de la denuncia, la confianza en las corporaciones, el respeto a la función policial, la organización vecinal, el fortalecimiento del tejido social, espacios de convivencia ciudadana, la creación de comités ciudadanos para que las y los integrantes reciban capacitación en temas preventivos, siendo no solo receptores de esa información, sino además replicadores, etc.

En fin, fomentar la participación ciudadana no es cosa fácil, es un camino arduo pero muy efectivo hacia la generación de seguridad en los espacios tanto domésticos como urbanos.

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