ESPECIAL DE LAS MADRES CON NORA RUVALCABA
Entrevista con la Senadora de la República por Morena


Educadora y política mexicana, afiliada al Movimiento Regeneración Nacional. Se ha desempeñado como Regidora en el H. Ayuntamiento de Aguascalientes y Diputada local al Congreso de Aguascalientes.
Se desempeñó como la primera presidenta estatal de Morena en Aguascalientes. Fue Delegada Estatal de los Programas para el Desarrollo del Estado de Aguascalientes de 2021 a 2022. Asumió el cargo de Subsecretaria de Educación Media Superior del gobierno de México bajo la presidencia de Andrés Manuel López Obrador.
Desde el 1 de septiembre de 2024 es Senadora de la República por Aguascalientes.
Ser mamá es, para empezar, una responsabilidad enorme. Nos inculcaron que un día te casarías y tendrías hijos, eso era ley natural. Pero una vez que los tienes, ves que esa responsabilidad viene cargada de mucha felicidad y satisfacción. Lo más importante es que formas personas, con tus principios y con las herramientas que van requiriendo los tiempos. Hoy además podemos hablar de una decisión, ya hay métodos anticonceptivos, ya puedes espaciarte. Siempre he visto la maternidad como una responsabilidad que te da muchísimas satisfacciones.
¿Qué significa para usted ser mamá, más allá del cargo público que ostenta?
¿Cómo la ven sus hijos como mamá y cómo la ven los ciudadanos como legisladora?
Mis hijos crecieron en la política, nos acompañaron a manifestaciones, asambleas, mítines. Han visto esa combinación de la legisladora con la madre. Yo quiero decirte que les he quedado a deber como madre, hubiera querido ser la madre dedicada que yo tuve. Pero ellos y sus amigos me ven como una madre a todo dar, que les procura y les atiende.
¿Cuál ha sido su momento más feliz como mamá?
El parto, sin duda, es el momento más feliz. Pero no podría catalogar solo uno, porque eres feliz con sus primeros pasos, cuando te dicen mamá, cuando se gradúan, cuando tienen novio, cuando los corta el novio y los apapachas. Mis hijos ya tienen 35, 33 y 31 años y ha sido toda una vida de satisfacciones a su lado. Todos esos momentos, de felicidad, de tristeza o de reto, son significativos porque los logras superar y les das el apoyo y las palabras que requieren.
¿Cómo se puede ser buena mamá y buena legisladora sin romperse en el intento?
Se tienen que compensar las cosas. Cuando sabes que no puedes estar en todo, compensas con el acompañamiento, con las palabras, con el impulso que les das. Y gracias a esos momentos logramos que nuestros hijos nos quieran, nos admiren, pero sobre todo nos entiendan. Claro que se puede, ya tenemos una presidenta que nos dice: podemos ser lo que queramos. Hoy trabajas para sentirte plena, para demostrar tus capacidades, y eso también se lo transmites a tus hijos.
¿Ser mamá le ha ayudado a ser mejor política?
Sin duda. Antes de ser madre yo sembraba semillas en mis alumnos adolescentes para que ellos cambiaran el mundo. Pero cuando eres madre te vuelves más empática, piensas en las familias. En mi primera campaña hablé mucho de maternizar la sociedad: lo que hace una madre en el hogar, administrar el recurso, procurar la vida y la felicidad de las personas, hay que trasladarlo al gobierno. El erario es como el dinero del hogar, no lo vas a despilfarrar mientras el otro tiene hambre. Ser madre me profundizó ese sentimiento.
¿Qué ha aprendido de sus hijos y qué ha podido aplicar en su gestión?
De Alejandra, mi hija de en medio, aprendí a decir te quiero, a valorar los lazos afectivos que son fundamentales tanto en la familia como en la política. De la mayor aprendí a tener siempre la palabra precisa para consolar y levantar el ánimo en los momentos difíciles. Y de mi hijo menor aprendí que el amor y la confianza en las personas pueden cambiarlas, hacerles creer que van a salir adelante y que no están solos. Eso como humanidad lo requerimos todos.
Ser madre te vuelve más empática. Aprendes que en política no puedes decirle a la gente “eso no me toca, pase a la siguiente ventanilla”, porque la gente quiere sus servicios y no le importa el ámbito de competencia. Si fuera mi hija la que viniera a pedir ayuda, ¿cómo le iba a decir que no es mi responsabilidad? También aprendí a ser feminista, que significa legislar y gobernar con perspectiva de género, preguntarte siempre: esta ley que estoy aprobando, ¿en qué beneficia a las mujeres? Ser madre te sensibiliza, te enseña a ver el mundo con otra mirada.
¿Cómo ha cambiado su forma de ver el país desde que es madre?
Y cómo me vean los demás, pues a lo mejor no cumplo todas las expectativas, pero mis hijos me dicen que se sienten orgullosos y eso me basta.


