La Materia que México necesita enseñar

Juan Camilo Mesa, Rector de Global University

9/1/2026

Juan Camilo Mesa, Rector de Global University

principal@globaluniversity.edu.mx

En México hay 5.45 millones de unidades económicas registradas, según los Censos Económicos del INEGI. El 95.5% son microempresas; esas que se han convertido en la columna vertebral del país: tienditas, talleres, fondas, negocios familiares que sostienen el ingreso de millones de hogares. Y, sin embargo,

cada año vemos cómo esa columna vertebral se fractura silenciosamente, negocio por negocio, sin que como país hagamos gran cosa al respecto.

No sabemos administrar un flujo de caja, no sabemos separar las finanzas personales de las del negocio, no sabemos negociar un crédito ni leer un estado de resultados. Y esa carencia no nace en la edad adulta, cuando ya se abrió el negocio; nace, o más bien no nace, en la educación básica.

Solo en 2025, más de 37,500 empresas formales cerraron en México, según el Consejo Coordinador Empresarial, mientras que las bajas de registros patronales ante el IMSS superaron las 25,000 en el mismo periodo. Casi todas micro y pequeñas empresas. Y el patrón se repite año tras año: distintos estudios coinciden en que 8 de cada 10 pymes mexicanas no llegan a los cinco años de vida, y apenas 1 de cada 10 sobrevive una década completa.

Es fácil y cómodo atribuir este fracaso a la economía, a la inflación, a la falta de crédito. Todo eso pesa, sin duda.

Pero detrás de la mayoría de estos cierres hay una causa más silenciosa y evitable: el desconocimiento del manejo del dinero.

La Encuesta Nacional de Educación Financiera lo confirma con una cifra que debería avergonzarnos: apenas el 8% de los mexicanos ha recibido educación financiera dentro del sistema escolar, y el 65% gasta más de lo que gana.

No es un problema de voluntad ni de disciplina individual, es un vacío curricular que arrastramos desde hace generaciones.

Lo alentador es que, por primera vez en mucho tiempo, el tema está sobre la mesa legislativa. En agosto de este año, un diputado local presentó una iniciativa para incorporar la educación financiera como contenido obligatorio en la educación básica y media superior, citando recomendaciones que la OCDE, el Banco Mundial y el G20 llevan años haciendo a México. Es un paso correcto. Pero, para ser honestos, todavía insuficiente.

No basta con enseñar a ahorrar o a leer un recibo de nómina. Si México quiere de verdad frenar la constante desaparición de negocios que cierran cada año, necesita ir un paso más allá: educación financiera y educación emprendedora, obligatorias, desde la educación inicial, no solo desde secundaria.

Enseñar a un niño de seis años a distinguir entre lo que necesita y lo que quiere, a entender qué es el interés, a imaginar y construir una idea de negocio simple, no es adelantar la adultez; es sembrar, con años de anticipación, las herramientas que hoy le faltan al 90% de los emprendedores que fracasan.

Los mexicanos somos, sin discusión, un pueblo creativo. Lo demuestra cada changarro, cada solución improvisada, cada negocio familiar que resiste contra viento y marea. Lo que no somos todavía, es un país innovador, y la diferencia entre ambas cosas es precisamente lo que se enseña o se deja de enseñar en el salón de clases.

La innovación no es solo tener una buena idea; es saber convertirla en un negocio que sobreviva, que crezca y que genere empleo.

Facilitar trámites, ampliar el acceso al crédito y simplificar la carga fiscal para las pymes son medidas urgentes que el Estado debe atender.

Pero ninguna de ellas rendirá frutos duraderos si seguimos formando generaciones que llegan a la vida adulta sin saber administrar el dinero ni estructurar una idea.

La verdadera política industrial de este país empieza en el salón de clases, no en la Secretaría de Economía.

Y mientras sigamos posponiendo esa reforma, seguiremos viendo cerrar, año tras año, la columna vertebral de México.

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