Lo que los jóvenes buscan para vivir (y no solo sobrevivir)

María Andrea Bernal Bocanegra

6/1/2026

María Andrea Bernal Bocanegra

Arquitecta enfocada en el diseño de espacios y en el sector vivienda. Actualmente es coordinadora de proveedores en CANADEVI Aguascalientes, donde integra una visión comercial, estratégica y creativa dentro de la industria de la construcción.

Cuenta con experiencia en distintos ámbitos del desarrollo, desde vivienda hasta proyectos como parques industriales y rehabilitación de espacios, lo que le ha permitido entender de manera integral el mercado.

Su enfoque parte de una postura crítica ante el contexto actual, impulsando una arquitectura con propósito: espacios que no solo se construyan, sino que generen seguridad, estabilidad y un impacto real en la calidad de vida.

Un espacio que permita trabajar desde casa, recibir amigos o simplemente descansar con dignidad, tiene más valor que metros cuadrados sin sentido.

Otro punto clave es la comunidad. A diferencia de generaciones anteriores, muchos jóvenes no buscan aislarse, sino pertenecer. Valoran desarrollos que integren áreas compartidas, interacción vecinal y cierto sentido de colectividad. No es casualidad el auge de modelos como el co-living o los espacios híbridos. 

Sin embargo, hay una tensión evidente: lo que buscan y lo que pueden pagar. La precarización laboral, los altos costos del suelo y el encarecimiento de la vivienda han generado una brecha profunda. Muchos jóvenes no renuncian a sus expectativas, pero sí postergan decisiones como comprar o incluso independizarse. Esto obliga a repensar no solo el diseño, sino también los esquemas de acceso: renta digna, financiamiento flexible y nuevos modelos de desarrollo.

El reto para el sector inmobiliario y para quienes toman decisiones públicas es claro: dejar de ver a los jóvenes como “futuros compradores” y empezar a entenderlos como habitantes presentes, con necesidades concretas y urgentes. Ignorarlos no solo es un error estratégico, sino una desconexión con la realidad social.

Porque al final, lo que los jóvenes buscan no es solo un lugar donde vivir, sino un espacio que haga sentido con su vida. Y ahí es donde verdaderamente comienza el desafío.

Hablar de vivienda hoy sin escuchar a los jóvenes es construir a ciegas.

Durante décadas, el modelo habitacional en México —y particularmente en ciudades como Aguascalientes— ha respondido más a lógicas de producción que a formas reales de vida. Pero algo está cambiando: las nuevas generaciones ya no están dispuestas a habitar espacios que no dialoguen con su manera de existir.

Para muchos jóvenes, la vivienda dejó de ser únicamente un símbolo de patrimonio o estabilidad. Hoy, vivir implica algo más complejo: flexibilidad, conexión, identidad y bienestar. Ya no basta con tener “una casa propia” en la periferia; buscan ubicaciones estratégicas que reduzcan tiempos de traslado, cercanía con centros de trabajo, espacios culturales y redes sociales. El tiempo —ese recurso cada vez más escaso— se ha convertido en un factor determinante.

También hay un giro importante hacia lo funcional y lo adaptable. Los jóvenes priorizan espacios que puedan transformarse: departamentos más pequeños, pero bien diseñados, con áreas comunes que complementen lo privado. Prefieren calidad sobre cantidad.

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